sábado, 1 de julio de 2017

La banca paso de Divertida a Sotisficada

25 de abril
LA BANCA PASÓ DE DIVERTIDA A SOFISTICADA
OPERACIÓN
ÓSCAR CASTAÑO LLORENTE
ocastano@prensa.com
LA PRENSA/Eric Batista
El otro día, Rolando de León conversaba con un colega suyo sobre el negocio bancario y llegaron a una misma conclusión: la banca ya no es tan divertida como antes.
El gerente del Banco Nacional de Panamá emplea varios adjetivos para describir la operación actual del sector y dice que se volvió más regulada, controlada, supervisada, que profundizó en nuevos negocios y que exige ahora una mayor diligencia para conocer a los clientes. Si todas estas condiciones caben en un solo término, este sería: “sofisticado”.
La complejidad de la banca contemporánea demanda de sus gestores una visión más transversal y profunda. De León en su condición de banquero consumado revela haberse apartado de los números sin perderlos de vista, para fijar su atención en el aprendizaje de asuntos jurídicos, sociales, psicológicos, contables y de manejo de diversos riesgos afines al negocio.
El funcionario recuerda que el banquero debía sumar, restar, multiplicar y dividir, o sea conseguir recursos, colocarlos, buscar un rendimiento y hacer su repartición; y ahora les rinde cuentas  a   depositantes, accionistas, reguladores, empleados y comunidades.
El flagelo de la droga penetró el sector bancario panameño en las décadas de 1980 y 1990 y  algunos bancos  se desempeñaban en otras actividades, “completamente ilegales”, rememora el funcionario. La “inexistencia” de una legislación impedía mitigar sus efectos en el tracto habitual del sector. Se trataba de una falencia global.
Era, “en resumen”, un negocio centrado en las relaciones con los clientes, personas y empresas, y en satisfacer sus necesidades de tal manera que pudiera lograrse una rentabilidad.
El cambio se percibe con la irrupción de la tecnología. El fenómeno ayuda a simplificar las operaciones y facilita el cumplimiento de los requisitos exigidos por las autoridades. Permite la identificación de “oportunidades de negocios”, pero sobre todo se hace fundamental a la hora de conquistar más usuarios, no sin antes saber quiénes son y cuál es el origen de su dinero.
“La banca aprendió a punta de golpes. Primero fueron los atentados contra las Torres Gemelas. Después la crisis financiera. Ahora las regulaciones”. O sea que se volvió un negocio más sofisticado.
Y sin embargo estos cambios en nada afectan el ímpetu de la actividad bancaria panameña. Los activos mantienen un crecimiento acorde con su comportamiento de los últimos años. En diciembre del año pasado se cifraron en $121 mil 75 millones para el centro bancario internacional, y en $101 mil 152 millones respecto del sistema bancario nacional. Estos índices se justifican con la operación más robusta de actividades tan complejas como la fiduciaria; de carteras otrora golpeadas, como la agrícola; o  necesitadas de solvencia moral y profesional, como el sector de la infraestructura.

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